EL ABUELO CABEZOTA

(Cuento mongol)


Érase una vez un abuelo al que llamaban abuelo cabezota. Tenía siete ovejas y dos caballos, uno de los cuales volaba. Al que volaba lo ataba en el lado derecho de la casa, y al otro en el lado izquierdo. El abuelo cabezota siempre deseaba que su oveja marrón tuviera un cordero blanco para sacrificarlo al Cielo.

Un día se cumplió su deseo, y nació un cordero blanco de su oveja marrón. Se puso muy contento y lo llevó al campo, lo dejó allí y se fue a recoger sus ovejas. Una vez lo hizo, regresó donde había dejado el cordero, pero al llegar allí se dio cuenta de que los cuervos le habían comido los ojos. El abuelo se enfadó tanto que montó en su caballo volador y persiguió a los cuervos. Cuando los atrapó, les quitó sus picos y les puso unos de madera.

Cuando el Rey del Cielo se enteró de lo que había hecho el abuelo a sus cuervos se enfadó, y mandó a sus dos lobos para que se comieran su caballo volador. Pero el abuelo se enteró de los planes del Rey, ya que había volado con su caballo volador hasta el cielo. Entonces cambió el sitio donde lo ataba por el del otro, y al llegar los lobos se comieron al caballo que no volaba. El abuelo persiguió a los lobos, les quitó la piel y se las puso en sus morros.

Entonces el Rey del Cielo mandó a sus monos hacerle daño al abuelo. Éste estaba preparando un cocido en el fuego, cuando vinieron los monos y empezaron a romper la tela de la pared de su casa. Los monos asomaron sus cabezas por los agujeros de la tela, y entonces el abuelo les echó el cocido a la cara y se las quemó.

El Rey del Cielo se enojó, y esta vez mandó a sus dos dragones para que convirtieran en ceniza al abuelo. Pero éste se enteró de la orden del Cielo, hizo un muñeco como él, lo puso donde pastaban sus ovejas, y se marchó a otro sitio. Vinieron los dragones y convirtieron en ceniza al muñeco y a todo aquel lugar. El abuelo montó en su caballo volador, persiguió a los dragones y cortó sus colas.

El Rey del Cielo le ordenó entonces que acudiera a su presencia para poder juzgarlo y cortarle la cabeza. El abuelo fue donde el Rey del Cielo, y éste le preguntó:
- ¿Por qué cambiaste los picos de mis cuervos por otros de madera?
El abuelo le contó su deseo de tener un cordero blanco nacido de su oveja marrón, para poder sacrificarlo al cielo; y que cuando al fin pudo ver su deseo cumplido, vinieron los cuervos y le comieron los ojos; por eso les cambió sus picos.

Entonces le dijo el Rey del Cielo:
- Tienes razón. Aún así, ¿por qué quitaste las pieles de mis lobos, y se las pusiste en sus morros?
- Mandó usted a sus lobos para que se comieran mi caballo volador, o el que no volaba?
El Rey le contestó que los mandó para que se comieran al caballo volador, y el abuelo le replicó:
- Pues ellos se comieron al que no volaba; por eso me enfadé y les quité sus pieles.

El Rey prosiguió:
- Tienes razón, pero ¿por qué quemaste las caras de mis monos?
- ¿Usted los mandó para que me hicieran daño a mí o para que agujereasen mi pobre casa?
- Para que te hicieran daño a ti- respondió el Rey.
- Pues en vez de eso, destrozaron mi pobre casa; por eso quemé sus caras.

El Rey le dio la razón y por último le preguntó:
- ¿Por qué cortaste las colas de mis dragones?
- ¿Usted mandó que me convirtiesen en ceniza a mí, o al lugar donde pastan mis ovejas?
- Por supuesto, que te convirtiesen en ceniza a ti.
El abuelo le contestó que no le convirtieron a él en ceniza, sino al sitio donde pastaban sus ovejas.

Finalmente, el Rey dio la razón al abuelo cabezota y le perdonó. Y a partir de ahí, el abuelo cabezota vivió feliz con sus siete ovejas y su caballo volador.

FIN